Manifiesto contra Palantir

Manifiesto contra Palantir

A mediados de abril, Palantir, una de las mayores empresas occidentales de la industria de tecnología de datos y armamentística para reprimir a la clase obrera internacional, publicó un manifiesto. No nos sorprendió su posicionamiento con EEUU en la actual contienda global por la hegemonía, ni siquiera la adopción de la clásica retórica fascista de una nación en decadencia que espolea e incita a la guerra. Sin embargo, sí es interesante cómo en un contexto de crisis, los capitalistas sionistas y pedófilos de Palantir quieran encarnar, o quizá ya encarnen, el aparato propagandístico e ideológico del capital tecnológico. Y para ello nos deleitaron en su manifiesto con algunas de sus “innovadoras ideas” que, puestas en perspectiva, son en realidad las mismas ideas fascistas de siempre, esta vez en su acepción tecnológica.

Las palabras no son inocentes y muchas de las elecciones léxicas del manifiesto de Palantir lo posicionan clara e irrefutablemente como una corporación al servicio de la guerra y el control social, principales terrenos donde brilla y florece. El primer punto defiende que Silicon Valley “tiene la obligación de participar en la defensa de la nación”. Como si fuera una defensa legítima y no un ataque del todo premeditado, cruel y con el único objetivo de perpetuarse en el poder y de arrancar obediencia y vigilancia, cuando no directamente perpetrar un genocidio, a cada vez más poblaciones. Silicon Valley solo existe porque es hija del entramado militar de la Guerra Fría. Palantir en Gaza solo es la versión actualizada de IBM en Vietnam.

El manifiesto continúa diciendo que “La decadencia de una cultura o de una civilización (…) solo será perdonada [¿por quién?, nos preguntamos] si dicha cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para la ciudadanía.” Desde Teknokasa señalamos y le quitamos el velo a ese supuesto crecimiento económico que, lejos de repercutir por igual a todo el mundo, solo sería crecimiento económico para unos pocos: la minoría explotadora. Asimismo, cuestionamos el manido eufemismo de la “seguridad ciudadana”, que no es sino otra forma para decir “vigilancia masiva”. No se nos escapa, ni a nadie debería, que la guerra contra el crimen es una preparación del terreno para el control social interno. Hemos intercambiado protección por dependencia tecnológica, pero haríamos bien en preguntarnos en qué términos se expresa esa supuesta “protección”.

Nos posicionamos radicalmente en contra del planteamiento de rearme y militarización de los Estados capitalistas que está presente durante todo el manifiesto. En primer lugar cuestionamos y desmontamos que sea un asunto necesario o útil y negamos con rotundidad que el camino en el que desemboque ese hipotético rearme sea uno en el que democráticamente salgamos mejor parados. Todo lo contrario: este planteamiento militar siempre es la carta ganadora para instaurar el miedo en la población, a lo cual se llama fascismo, y resquebrajar nuestros derechos y libertades, empezando por los tecnológicos. Todo foco y atención que se ponga en el auge militar y autoritario es foco y atención que se le quita a la conquista de derechos sociales y al progreso democrático. Hay tesis cuyo solo planteamiento es insultante y sugerir el regreso del servicio militar obligatorio no engaña a nadie: supone aceptar que el estado expropie a la clase trabajadora su única propiedad, su propio cuerpo, para ponerlo al servicio de sus propios intereses de dominación violenta de estados y empresas cuyo único objetivo es ante todo y fundamentalmente el rédito económico. Ellos ponen las guerras, nosotras las muertas.

Un último apunte en cuanto al rearme militar: la inyección de la IA en las guerras del capital supone dos novedades peligrosas para nuestra clase. La primera es la masificación indiscriminada de objetivos. Al tratarse de algoritmos no deterministas, la IA puede confundir objetivos entre bases militares, viviendas, soldados y civiles, extendiendo cruel e indiscriminadamente el terror de la guerra. La segunda es la posibilidad de eximir de culpa a los responsables de estas guerras. Y es que no es raro imaginar un futuro donde, después de una matanza facilitada con IA, los comandantes más serviles y condecorados de cualquier Estado barran sus crímenes debajo de la alfombra alegando que “la decisión la tomó una IA”.

Uno de los últimos puntos cuestiona la “exposición despiadada de la vida privada de los personajes públicos”, sin atender a la ironía de que Palantir es, en buena medida, uno de los agentes que ha fomentado la “exposición despiadada” de todas las vidas, construyendo herramientas de vigilancia tecnológica a gran escala y haciendo posible precisamente lo que denuncia. En nuestra opinión, este punto lo que esconde es que esta exposición se presenta como mala siempre que se aplique a las élites burguesas, no así a todas aquellas personas que son gobernadas por ellas. Es decir, se fomenta una legislación y vigilancia hacia abajo, nunca hacia arriba. El manifiesto cierra con un broche tan totalitario como racista: plantea la inclusión como un valor vacío y sin sentido. La imposición de una idea de unidad cultural siempre va de la mano de un proyecto social y cultural fascista y, desde Palantir, abogan por un orden tecnofascista no como posibilidad de futuro sino como algo que están ayudando a construir en el presente.

El cambio estructural, derechización y militarización de la sociedad nunca es algo que se dé de forma tajante ni categóricamente, sino que se da de forma gradual y siempre bajo la falsa premisa de que el progreso tecnológico es en todo caso algo positivo. Nosotres cuestionamos que no por ser un avance tecnológico implica necesariamente liberación y emancipación para la clase trabajadora sino, la historia nos ha demostrado, todo lo contrario. El progreso no es un concepto unívoco, sino análogo, solo en función de cuál sea el objetivo podemos determinar si algo constituye progreso. En estos términos, el sistema actual nos lleva a un futuro en que las vidas de la clase trabajadora son totalmente instrumentalizadas por el poder político y económico para su propio beneficio y perpetuidad en los mismos. Como respuesta a ello, nosotres abogamos por una politización social que dispute desde la base el único conflicto que nos interesa: las obreras de la tecnología no debemos lealtad ni a jefes ni a estados, sino que nos debemos a la solidaridad con nuestra clase. Si nos piden que hagamos de la tecnología un arma contra nuestra clase, debemos negarnos y usarla como arma contra la suya. Sólo cuando expropiemos y controlemos la tecnología como clase trabajadora podremos tener una tecnología realmente emancipadora, unas infraestructuras gobernadas colectivamente y cuyos frutos nos pertenezcan a todas.

Por una discusión abierta donde pensemos colectivamente el papel que juega la tecnología en nuestra sociedad. Por nuestra capacitación tecnológica. Por la toma del control de la tecnología por la clase trabajadora.